El Blog de la Creativa | Con la música a otra parte
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Con la música a otra parte

Hola, soy alumno de batería de esta Escuela y becario de la Fundación Música Creativa. Empecé a estudiar música de pequeño y la he ido compaginando con otros estudios hasta ahora, cuando ya me dedico a ella íntegramente. Mis periplos musicales siempre me han llevado por los terrenos del rock o el metal, por lo que vi en la Creativa una oportunidad excelente para abrir mis horizontes musicales y así poder desarrollarme como músico de una forma más completa. Para mí, lo más grande que tiene la música es la magia que posee para transmitir sensaciones y es eso quizás lo que me ha hecho engancharme a ella hasta el punto de querer dedicarle mi vida. Creo que no es un camino fácil, que supone mucho esfuerzo e ir poco a poco superando metas (qué os voy a contar..), pero la satisfacción que sientes al alcanzarlas hace que todo merezca la pena. En mi caso, uno de los momentos más importantes en mi carrera musical se dio cuando tuve la oportunidad de entrar a formar parte de una banda de rock hace algo más de un año. A los músicos que la formaban los había escuchado de chaval en otras bandas y ahora, ¡estaba tocando con ellos! Todo un sueño hecho realidad. Sabía y sé que, aunque es un paso muy importante, es necesario continuar trabajando para seguir creciendo como músico. Con esta banda empecé a trabajar profesionalmente haciendo varios conciertos por España. A través de distintas redes sociales llegaban mensajes desde varios países latinoamericanos pidiendo que fuéramos para allá a tocar. Sin embargo, es algo que resulta bastante difícil de hacer.

Fue a finales de junio del año pasado cuando finalmente un promotor colombiano se aventuró y nos consiguió dos fechas en Colombia. Fue increíble. Era la primera vez que la banda pisaba un país latinoamericano y la acogida fue inmejorable.

 

Los conciertos fueron geniales. Uno de ellos fue en una sala abarrotada y el segundo fue en un teatro acompañando a los estadounidenses Mr. Big. Todo un lujo. Debido a la aceptación que tuvimos, deseábamos poder repetir la experiencia por más países. Y así fue. Seis meses después nos prepararon una gira que nos ha llevado por ocho países del continente latinoamericano. Al principio, mis compañeros (que ya han hecho giras de ese tipo con sus antiguas bandas), me advertían de que es bastante cansado el ir de un sitio para otro sin apenas tiempo para descansar, y de que incluso a veces tienes que ir a lugares peligrosos. Sin embargo, eso no hizo que bajara un ápice la ilusión que tenía por marcharme nuevamente a tocar.

Salimos de Madrid el 19 de enero rumbo a El Salvador. Es un país donde yo no me hacía a la idea de que pudiera haber mucho público rockero, pero me sorprendí cuando llegamos a la sala y estaba a reventar. Se habían vendido todas las entradas. Después del concierto, nos fuimos para el hotel, dormimos tres horas y salimos hacia el aeropuerto. Al día siguiente tocábamos en Nicaragua. Allí nos dijeron que hacía tres años que no iba un grupo internacional a tocar, por lo que la expectación era máxima. El concierto fue al aire libre, delante de cerca de mil personas eufóricas. Fue inolvidable. Al acabar, el cansancio empezaba a ser palpable y esa noche tampoco pudimos descansar demasiado, ya que de madrugada cogíamos el avión de nuevo, esta vez rumbo a Costa Rica. En el avión nos quedamos muy sorprendidos cuando, al desembarcar, escuchamos en el hilo musical un tema de.. ¡la antigua banda del cantante! Hay que decir que la cultura del rock en esos países está mucho más extendida que aquí. Puede que vayas por la calle y te cruces con un rockero y te salude en plan: «Qué pasa, tío!!» O que haya gente que se quiera hacer una foto con el grupo aunque no lo conozca.

Después del concierto de Costa Rica teníamos varios días de descanso. ¡Por fin! Uno de ellos lo pasamos allí (me hubiera quedado un mes más), y el resto en Caracas, donde teníamos nuestro siguiente concierto. Esa ciudad me impactó bastante por el gran contraste que existe. A un lado de la ciudad ves una colina plagada de chabolas y al otro, grandes edificios. Aquí tocábamos en una sala más pequeña, pero estuvo también a reventar. Después de dormir un par de horas tras el concierto, partimos rumbo a Bogotá, donde ya habíamos estado en junio. Esta vez sería una visita relámpago, ya que no estuvimos ni 24 horas, puesto que al día siguiente tocábamos en Quito. Todo este trajín es bastante agotador, no descansas prácticamente nada. Sin embargo, para mí, el llegar a un sitio y ver el entusiasmo de la gente y las ansias que tienen por ver a la banda, hace que se te inyecte una energía al cuerpo que te hace seguir en pie. Tras el concierto de Quito teníamos un par de días de descanso. Uno lo pasamos allí mismo haciendo un poco de turismo, y al día siguiente viajamos a Santiago de Chile.

Aquí tocamos en un teatro con un escenario enorme. La verdad es que te encuentras de todo: hay sitios en los que el equipo que te ponen es bastante mediocre y te pasas la mitad del concierto apretando herrajes o apañando como puedes los micros; mientras que en otros lugares te ponen un backline de lujo y la gente está pendiente en todo momento para que no ocurra ningún imprevisto. Lo mismo ocurre con los técnicos: hay algunos que son verdaderos profesionales y otros que te desesperan.

Después del concierto dormimos lo que pudimos y marchamos corriendo al aeropuerto rumbo a México DF. Al llegar, me impresionó lo grande que es esta ciudad. Desde el avión no dejabas de ver construcciones en kilómetros y kilómetros. Al día siguiente pudimos descansar y coger fuerzas para afrontar la recta final de nuestro periplo: cuatro conciertos seguidos en distintas ciudades de México. El primero de ellos fue en una emblemática sala de México DF; el segundo, en Tijuana; el siguiente, en un festival en Hermosillo; y el último, en Guadalajara. En los tres últimos tocamos junto al que fue el primer cantante de Iron Maiden, Paul Di’Anno.

Y así, cansados pero muy contentos por la acogida que habíamos tenido, marchamos rumbo a casa. Ahora pienso en esos lugares en los que he estado, en cada escenario en que he tocado, en la gente que he conocido, y me parece que fue un sueño. Algo que pasó rápidamente, como sin darme cuenta, pero que se me quedará grabado durante el resto de mi vida. Soy consciente de que es una suerte el poder recorrer medio mundo haciendo lo que te gusta gracias a la música. Es por ello por lo que cada día me sigo esforzando por ser mejor músico y por no parar de aprender. Puede que a veces ocurran acontecimientos que te hagan plantearte si todo esto merece la pena, pero yo creo que si te esfuerzas y luchas por lo que quieres y por lo que crees, al final obtienes tus recompensas.

Para acabar me gustaría transcribir un párrafo de un libro que me estoy leyendo. No es que yo sea muy filosófico, pero lo leí hace poco y me encantó:

«Llega un día en la vida en que debes decidir qué tren quieres tomar y, una vez en él, no puedes pensar lo que ocurriría si tomaras otro. Hay que disfrutar a tope y aprovechar al máximo todo lo que nos ofrece en su interior. No podemos conocer qué esconden los demás trenes, aunque nos despertemos muchas noches soñando que eran mejores. En realidad, la perfección solo existe en nuestro interior, en lo que creemos nosotros que es perfecto. Todos los caminos nos conducirán a un lugar distinto, pero serán nuestros pasos los que nos van a permitir encontrar más o menos chispas de felicidad en cualquiera de ellos».

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