El Blog de la Creativa | El puente entre la música clásica y el jazz tiene nombre propio: George Gershwin
Este pianista y compositor estadounidense, que llegó al mundo en la época del fonógrafo, la radio o el cine sonoro, ha pasado a la historia por haber logrado conjugar como nadie la música clásica y el jazz, como se puede ver en tres de sus obras más célebres: Rhapsody in Blue, Un americano en París y la ópera Porgy y Bess.
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El puente entre la música clásica y el jazz tiene nombre propio: George Gershwin

Nacido como Jacob Gershovitz en el seno de una familia de inmigrantes rusos de origen judío que vivía en Brooklyn, llegó al mundo casi al mismo tiempo que el siglo XX, una época marcada por importantes cambios tecnológicos asociados al registro, procesamiento y distribución del sonido, que implicó el nacimiento de un mercado masivo a través de tecnologías como el fonógrafo, la radio, el cine sonoro o la televisión.

A través del piano se inició en la música clásica (Liszt, Chopin, Debussy), pero pronto sucumbió a los encantos de la modernidad, tras comenzar a trabajar en una editorial de música, tocando al piano ante el público las melodías más famosas del momento. Sus primeras composiciones tuvieron cierta repercusión y comenzó a hacer la música para varios musicales de Broadway junto a su hermano Ira, que hacía de letrista. Aunque hoy en día los musicales no nos resultan para nada extraños, entonces surgieron como una forma de teatro musical específicamente anglosajona que mezclaba la opereta europea con la cultura estadounidense y precisamente alcanzaron su edad de oro en los años 20, gracias a compositores como Irving Berlin, Cole Porter  o el propio George Gershwin.

En esa misma década, George Gershwin comenzó a realizar también otras composiciones dirigidas a orquesta. La más emblemática y por la que ha pasado a la historia fue su célebre Rhapsody in Blue, estrenada el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall de Nueva York, que sin embargo fue bastante polémica.

Sin embargo, Gershwin sentía que su conocimiento de la composición era aún bastante intuitivo y, aunque ya era un músico de renombre, se embarcó en un viaje a París en el que parece ser que intentó recibir clases de Stravinski y Ravel. Lo más significativo del viaje, sin embargo, fue lo que trajo de vuelta en la maleta: la pieza sinfónica Un americano en París, otro de sus grandes éxitos.

Unos años después su carrera como compositor culmina con la ópera Porgy and Bess (1935), que retrata la vida de una comunidad negra en el sur de Estados Unidos y en la que Gershwin nuevamente sintetiza la tradición sinfónica europea con la estadounidense, representada por el jazz y los cantos espirituales. Sin embargo, la obra no alcanzó tanta popularidad como lo hizo su aria, Summertime, que se convirtió rápidamente en uno de los estándar de jazz más famosos y llegaría a las listas de éxitos en EEUU con la voz de Billie Holiday.

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