El Blog de la Creativa | ¿Está sobrevalorada La La Land? Acordes y desacuerdos en la ciudad de las estrellas
La actualidad del panorama musical desde la visión de Música Creativa, centro de referencia con más de 30 años en la vanguardia de la enseñanza de la música moderna.
La La Land, Jazz, Oscar 2017, Musicales
2405
post-template-default,single,single-post,postid-2405,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,select-theme-ver-3.3,menu-animation-underline,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive
La La Land

La La Land: Acordes y desacuerdos en la ciudad de las estrellas

Una apología de los sueños, una melancólica visión de lo que pudo haber sido, una invitación a luchar por lo que amamos. Para algunos, todo esto es La La Land, motivo por el que no es de extrañar que esté en todas las quinielas para ganar un abultado número de Oscar (tiene nada menos que 14 nominaciones), tras arrasar en los Globos de Oro y los Bafta.

El joven Damien Chazelle vuelve a la pantalla grande con una historia sobre Hollywood como meca de los sueños, un hilo argumental nada sorprendente pero excelentemente ejecutado desde el punto de vista de la narrativa visual. Al igual que en su anterior película, Whiplash, el montaje en los números musicales es trepidante.

 

Y, de fondo, siempre el jazz. ¿Casualidad? No desde que conoció a Justin Hurwitz, con quien tocaba en sus tiempos en Harvard y que ahora ha firmado una banda sonora que tararea medio mundo.

ACORDES… Y DESACUERDOS

Como ocurre con el cine de Woody Allen, ante La La Land no parece haber término medio, ya que, tras el fenómeno inicial que alzó a los altares a esta película que parecía haber conseguido esa extraña conjunción de crítica y público, se ha desencadenado otro fenómeno hater que lo que viene a decir es que La La Land es la película más sobrevalorada de los últimos años. 

 

Los guiños de La La Land a musicales clásicos como Cantando bajo la lluvia, West Side Story, junto con referencias más modernas como Moulin Rouge o Boogie Nights también han desatado la polémica.

 

Porque, ¿dónde está la frontera entre el guiño y el plagio?

A FAVOR:

Entre los aciertos de La La Land, podemos decir que:

 

Hace que hasta una ciudad como Los Ángeles tenga cierto encanto.

El planetario del Observatorio Griffith, el majestuoso Colorado Street Bridge en Pasadena, el muelle de Hermosa Beach, el funicular The Angels Flight, el Teatro Rialto o el histórico escenario art deco de El Rey Theatre fueron algunos de los más de 60 emplazamientos con un especial aire retro que se buscaron en Los Ángeles y alrededores.

 

Tiene una pareja protagonista que engancha.

(aunque Emma Stone esté mejor como Mia que Ryan Gosling como Sebastian).

 

Sus melodías no dejarán de repicar en tu cabeza.

Con Another Day of Sun bailarás sobre el asiento, con A Lovely Night querrás aprender claqué y City of Stars en plan susurro bien te puede servir como nana.

 

Es un musical nada musical. 

Es decir, un musical apto para la gente que odia el género. Los temas musicales no rompen el hilo de la trama y, de hecho, muy pocos de ellos son cantados. El amateurismo de los actores en terreno vocal parece que también es pretendido, huyendo así de esos diálogos cantados con esas increíbles voces tan de musical.

 

Tiene un desenlace muy poco made in Hollywood.

Y hasta ahí podemos leer para no hacer spoilers.

 

Después de verla, querrás tocar el piano.

Ryan Gosling aprovechó este papel para aprender a tocar el piano y, según ha comentado el director, lo hizo tan bien que «no hay un solo primer plano en toda la película realizado por un doble de manos».

EN CONTRA:

Culto al jazz pero sin el jazz

Sebastian se pasa toda la película presentándose como pianista de jazz en plan snob y contando su sueño de fundar un jazz café lleno de parafernalia clásica. Pero cuando tiene la oportunidad de componer, lo que toca no es precisamente free jazz.

 

Igualmente, cuando negocia con el otro músico, Keith (interpretado por John Legend), este le echa en cara que está acabando con el jazz: «Estás obsesionado con Kenny Clarke y Thelonious Monk pero esos tíos eran verdaderamente revolucionarios. ¿Cómo se supone que vas a ser tú un revolucionario si eres tan tradicionalista? Estás anclado en el pasado y el jazz es cosa del futuro.»

 

Lo paradógico es que Damien Chazelle, confeso amante del jazz (y tan nostálgico como el personaje interpretado por Ryan Gosling), muestra una música asequible, por no decir facilona, en toda la película. Ni rastro de los estilos musicales que supuestamente venera La La Land.

 

La La Land so white

El posicionamiento de Sebastian como hombre blanco tratando de salvar el jazz también ha generado polémica. John Legend tiene varias escenas deslumbrantes en su interpretación de Keith, pero finalmente se ve reducido a un esperpento que traiciona al jazz a la primera de cambio para hacer de este estilo algo más vendible y más cercano al pop.

 

El músico y ex miembro de Vampire Weekend, Rostam Batmanglij, se refirió a esto en Twitter: «Los negros inventaron el jazz pero ahora necesitamos que venga un hombre blanco a salvarlo/preservarlo? Lo siento pero creo que esta narrativa no funciona en 2016»

Mansplaining 

Medios de todo el mundo han apuntado que La La Land es un ejemplo de «mansplaining» (el término que define cuando un hombre explica algo a una mujer y lo hace de manera condescendiente porque, con independencia de cuánto sepa sobre el tema, siempre asume que sabe más que ella).

 

En España, Pikara Magazine ha tratado este tema ampliamente: «Mia le dice a Seb que odia el jazz y éste se pasa gran parte de la película explicándole a ella lo que es y lo que no es el jazz e intentando convencerle de debe gustarle; cosa que, por supuesto, consigue. La situación va un paso más allá, y es que Seb también sabe más de cine, la especialidad de Mia. Incluso es él quien la lleva a ver Rebelde sin causa porque ella (aspirante a actriz profesional y escritora) no la ha visto nunca. En definitiva: un mansplaining en toda regla.»

Ilústrame, Seb..

A pesar del despliegue técnico y visual, la historia es más de lo mismo

Cinemascomics se atreve a decirlo: el guión no deja de ser una comedia romántica al uso con dejes dramáticos. Chico perdido en la vida. Chica perdida en la vida. Rutina. Fracasos. Éxitos. Amor. Sueños. Y un largo etcétera manido en Hollywood.

La La Land es aburrida por momentos 

Hay poca gente que se atreva a reconocerlo (Paulo Coelho lo dijo recientemente en Twitter y los fans casi lo linchan) pero, a pesar de las coreografías y los números musicales, la parte central de la película se hace lenta. Incluso nos atreveríamos a decir que aburrida.

Vestirte de clásico no te convierte en clásico 

Ni los guiños estilísticos a los musicales y al cine francés, ni el uso de planos secuencia y CinemaScope van a convertir a La La Land en una película memorable, como sí lo son muchas de las cintas a las que rinde homenaje.

 

Quizá estemos poniendo el listón muy alto, pero si hay una palabra que define a La La Land a la luz de los premios que está cosechando, esta debería ser sin duda «sobrevalorada».

No hay comentarios

Deja un comentario

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.